*Ventana Política.*
Por Javier Moreno.
**Espectacular, el nuevo nido del Halcón se viste de México. **
Ayer por la noche, la Arena Macuiltépetl —el nuevo Nido del Halcón— dejó de ser solo una silueta en Arco Sur y se convirtió en un faro. Encendida, vestida con las luces de la bandera nacional, el recinto se vio espectacular. No era un ensayo menor ni un adorno de paso: era la ciudad contemplándose a sí misma en un edificio que ya parece listo para latir.
Los vecinos salieron. Quienes circulaban por ahí frenaron. Teléfonos en alto, ventanillas abajo, gente que no iba a ningún evento y, sin embargo, se quedó. Algunos peatones, algunos automovilistas. Bastó detenerse un momento para escuchar lo mismo, una y otra vez: la impresión es grata, el inmueble impone, y ya debe funcionar.
Ese consenso espontáneo vale más que cualquier comunicado. Porque una obra de esta envergadura no se mide solo en butacas, cancha reglamentaria o estacionamiento subterráneo. Se mide en la gana que despierta cuando aún está cerrada. En la foto que alguien se lleva a casa. En la frase que se repite en la banqueta: “ya debería estar abierta”.
El Nido del Halcón nació con vocación doble: casa de un equipo y escenario de la ciudad. Deporte, sí; también cultura, convocatorias masivas, orgullo local. Xalapa no necesita que le expliquen lo que significa un recinto de ocho mil almas bien hecho. Lo intuye en cuanto lo ve iluminado. Lo confirma cuando el verde, el blanco y el rojo recorren la fachada y el edificio deja de parecer un proyecto y empieza a parecer un destino.
Hay expectación, y es sana. Hay impaciencia, y también lo es. Un pueblo que se detiene a fotografiar lo que aún no inauguran está diciendo, sin gritar, que el recinto ya forma parte del paisaje emocional de la capital. Que no se construyó para guardar silencio. Que las luces de anoche no eran decoración: eran un adelanto.
Que se resuelvan los pendientes. Que se abran las puertas. Que el Nido deje de ser promesa iluminada y se vuelva costumbre: silbatazos, ovaciones, conciertos, familias, jóvenes que entrenan, vecinos que llegan caminando. Ayer la Arena Macuiltépetl se vio como lo que puede ser. Hoy la ciudad ya lo pidió en voz alta.
Que no se apague esa luz. Que el Halcón anide de una vez.
No hay comentarios:
Publicar un comentario