Por Rodolfo Herrera.
En los primeros meses de 2026, San Andrés Tuxtla respira un aire distinto. Ya no son solo promesas de campaña ni discursos de toma de protesta. La ciudadanía está constatando, día con día, que sí había mucho por hacer y que, afortunadamente, ahora se está haciendo de otra manera: con orden, con resultados visibles y con una administración que parece nadar contra corriente para arreglar lo que recibió.
La gente lo ve en el reordenamiento del primer cuadro, en las acciones de seguridad que empiezan a dar confianza, en los cabildos abiertos donde se escucha de verdad, y en esa sensación —nueva para muchos— de que los recursos públicos por fin empiezan a rendir frutos tangibles en lugar de desaparecer en el desorden. Después de años de escuchar excusas, la actual gestión está demostrando que gobernar con cercanía, disciplina y transparencia no es un lujo, sino una obligación cumplible. Y los sanandrescanos, que llevan demasiado tiempo esperando, lo están percibiendo y valorando.
Pero este cambio de rumbo hace aún más urgente mirar hacia atrás con responsabilidad. La “herencia” de la administración anterior —la de la Doctora Remedios— sigue pesando: adeudos millonarios, irregularidades detectadas por la ASF que superan los 25 millones de pesos, problemas con CONAGUA, ISR no enterado y un sinfín de señalamientos que ya forman parte del relato cotidiano del municipio.
Por eso, en este momento es clave exigirle al ORFIS (Órgano de Fiscalización Superior del Estado de Veracruz) que actúe con el mayor cuidado, rigor y claridad posible en la revisión exhaustiva de la gestión pasada. La gente ya está harta. Harta de enterarse de actos deshonestos, de presuntos daños patrimoniales que se cuentan por decenas de millones, de obras que nunca terminaron o que costaron mucho más de lo debido… y de que, al final, casi nunca pase nada concreto. Ni sanciones, ni reintegros, ni consecuencias reales.
El ORFIS tiene ahora la oportunidad —y la obligación— de romper ese ciclo vicioso. Sus auditorías deben ser impecables en lo técnico, transparentes en lo público y firmes en lo jurídico. Porque cada observación que se deje en el aire, cada pliego que se archive sin seguimiento alimenta la desconfianza ciudadana y erosiona la poca fe que queda en las instituciones. San Andrés Tuxtla y en general Veracruz, ya no quieren más informes que se quedan en papel; quieren que la fiscalización sirva para algo: para recuperar lo que se debe recuperar, para sancionar a quien corresponda y para que nunca más una administración deje el municipio peor de como lo encontró.
La actual gestión está mostrando que otro camino es posible. La ciudadanía lo está constatando en lo cotidiano. Ahora le toca al ORFIS demostrar que la rendición de cuentas no es un trámite, sino un instrumento real de justicia. Solo así el verdadero remedio llegará a San Andrés Tuxtla: no desde los discursos, sino desde los hechos y desde la certeza de que quien comete irregularidades, finalmente rinde cuentas. El municipio se lo merece. Y la gente, cansada de promesas incumplidas, ya no está dispuesta a esperar más.