Xalapa, Veracruz. — Los recientes movimientos de personal al interior de la Secretaría de Educación de Veracruz han provocado reacciones de diversas expresiones sindicales que, de manera repentina, dicen estar preocupadas por la estabilidad administrativa de la dependencia. Sin embargo, esa preocupación resulta cuestionable cuando se observa el comportamiento público que esos mismos grupos han mantenido frente a la titular de la SEV, Claudia Tello Espinoza.
La pregunta es inevitable: ¿su inquietud responde realmente a la defensa de la base trabajadora o a la afectación de una estructura política a la que han acompañado “incondicionalmente”?
En los hechos, varias de esas expresiones sindicales han aparecido públicamente en fotografías, reuniones y actos de respaldo hacia la titular de la Secretaría de Educación. Han mostrado cercanía, acompañamiento y apoyo permanente. Por ello, resulta difícil presentar ahora sus pronunciamientos como una genuina preocupación por los trabajadores, cuando su actuación pública ha estado marcada por una relación de evidente afinidad con la autoridad educativa.
Los sindicatos existen para defender a la base trabajadora, no para quedar bien con funcionarios.
Su función no es proteger estructuras administrativas, ni convertirse en voceros de una secretaria, ni actuar como extensión política de una dependencia pública. Su obligación moral, laboral e institucional es representar a los trabajadores, señalar abusos, exigir legalidad, defender derechos adquiridos y actuar como contrapeso frente al poder.
Por eso llama la atención que esas voces sindicales se activen cuando se remueve a determinados funcionarios, pero hayan guardado silencio frente a presuntas irregularidades, excesos administrativos y procedimientos cuestionados que afectaron a trabajadores y representantes sindicales, entre ellos la dirigencia del Sindicato Innovador Magisterial Veracruzano.
Esa selectividad exhibe una doble moral.
Cuando desde áreas estratégicas de la SEV se ejecutaron decisiones cuestionadas por posible abuso de poder, varios sindicatos permanecieron callados. Cuando se señalaron actos que podrían haber excedido atribuciones, tampoco hubo comunicados. Cuando se denunció el uso del aparato administrativo contra trabajadores o representaciones sindicales incómodas, tampoco hubo indignación.
Pero ahora, cuando los cambios afectan a perfiles vinculados a la estructura interna de la Secretaría, aparecen las preocupaciones, los posicionamientos y los reclamos.
La contradicción es clara: no parecen estar defendiendo a los trabajadores, sino a los funcionarios.
De acuerdo con distintas lecturas políticas, los movimientos recientes en la SEV no son simples ajustes menores. Podrían formar parte de una revisión más profunda ante señalamientos de irregularidades, abuso de poder, malos manejos y excesos cometidos desde áreas clave de la dependencia. Si esto es así, lo correcto no sería lamentar los cambios, sino exigir que se investigue a fondo.
La base trabajadora no necesita sindicatos que se pongan al servicio de la autoridad. Necesita organizaciones libres, firmes, críticas y verdaderamente comprometidas con quienes sostienen todos los días el sistema educativo: docentes, administrativos, intendentes, prefectos, personal de apoyo, directivos y trabajadores de todos los niveles.
Un sindicato pierde autoridad moral cuando deja de mirar hacia la base y empieza a mirar hacia arriba para agradar al poder.
También pierde legitimidad cuando se indigna por la salida de funcionarios, pero no por los atropellos contra trabajadores. Y pierde sentido histórico cuando cambia la defensa laboral por la conveniencia política.
La función sindical no es aplaudir a la autoridad. Es vigilarla.
No es acompañarla “incondicionalmente”. Es exigirle que respete la ley.
No es servirle. Es representar a quienes trabajan.
Por eso, frente a los recientes movimientos en la Secretaría de Educación de Veracruz, la reflexión resulta necesaria: ¿por qué ciertos grupos sindicales se preocupan tanto por la salida de funcionarios y tan poco por los abusos cometidos contra la base trabajadora?
La respuesta parece estar a la vista.
Cuando quienes hoy se manifiestan son los mismos que han aparecido reiteradamente respaldando a Claudia Tello Espinoza “incondicionalmente”, la duda pública es legítima: ¿actúan por convicción sindical o porque fueron enviados a defender una estructura política que hoy se ve afectada?
La educación en Veracruz no necesita sindicatos subordinados. Necesita sindicatos dignos.
Porque un sindicato que sirve al funcionario deja de servir al trabajador. Y cuando una representación sindical se arrodilla ante el poder, la base trabajadora queda sola.