*Tribuna Libre.*
Por Eduardo Beye.
Las mantas en Xalapa y la señal de descomposición interna en la SEV,
Ayer, miércoles 10 de junio, Xalapa amaneció con una señal que ninguna autoridad responsable debería minimizar: mantas colocadas en puentes peatonales denunciando presuntas irregularidades, abusos e injusticias al interior del área de Nómina de la Secretaría de Educación de Veracruz.
No se trató de una protesta menor ni de una inconformidad ordinaria. Cuando los trabajadores deciden exponer públicamente su miedo, su hartazgo y su indefensión en puentes de la ciudad, es porque algo dentro de la institución dejó de funcionar. Las mantas no hablan solamente de trámites retrasados, cambios administrativos, presiones laborales o posibles despidos injustificados; hablan de una estructura interna que, a decir de los propios trabajadores, ha dejado de escuchar y ha convertido los canales institucionales en pasillos cerrados. Ese es el punto grave.
En una dependencia sana, los trabajadores acuden a sus jefes, a sus áreas administrativas, a sus órganos internos y a las vías formales de diálogo. En una dependencia tomada por el autoritarismo, la omisión o el miedo, los trabajadores terminan buscando los puentes peatonales como último recurso para ser vistos. Y cuando una manta se vuelve más eficaz que un oficio, la autoridad debe preocuparse seriamente.
El área de Nómina no es una oficina cualquiera. Es una zona neurálgica de la Secretaría de Educación. Ahí se procesan sueldos, prestaciones, movimientos laborales, derechos adquiridos, pagos pendientes y trámites que impactan directamente en la vida económica de miles de trabajadores de la educación. Por eso, cualquier señal de abuso, desorden, presión o discrecionalidad en esa área no puede tratarse como un simple ruido administrativo. Es un foco rojo institucional.
La secretaria Claudia Tello y el Gobierno del Estado no pueden apostar al silencio. La ausencia de una respuesta pública, clara y verificable sólo profundiza la percepción de que la SEV se está administrando desde la cerrazón, no desde el diálogo; desde la imposición, no desde la legalidad; desde el control político, no desde el respeto a los derechos laborales.
Lo que hoy denuncian los trabajadores mediante mantas no debe ser descalificado ni reducido a “grilla”. Esa es la salida fácil de las autoridades que no quieren revisar el fondo. Detrás de cada manta puede haber un expediente ignorado, una queja archivada, un trabajador intimidado, una familia afectada o un derecho laboral detenido por capricho, negligencia o abuso de poder.
Y ahí está la verdadera gravedad del asunto: no estamos frente a un episodio aislado, sino ante síntomas cada vez más visibles de una Secretaría que acumula inconformidades en distintas áreas, mientras la autoridad parece más preocupada por administrar conflictos que por resolverlos. La SEV no puede convertirse en una fábrica de miedo para sus propios trabajadores.
La educación veracruzana ya enfrenta desafíos enormes: rezago, infraestructura insuficiente, falta de certeza administrativa, conflictos laborales, presión sobre docentes y una creciente pérdida de confianza institucional. Si a ello se suma una crisis interna en áreas sensibles como Nómina, el problema deja de ser administrativo y se vuelve estructural.
Porque un trabajador con miedo no trabaja en plenitud. Un trabajador hostigado no rinde igual. Un trabajador al que se le retiene, retrasa o condiciona un derecho no puede concentrarse únicamente en servir. Y cuando el personal educativo vive bajo tensión permanente, el impacto termina llegando, inevitablemente, a las escuelas, a las aulas y a los estudiantes.
Por eso, la respuesta no puede ser el silencio. Tampoco la persecución contra quienes se inconforman. Mucho menos la simulación de abrir mesas que no resuelven nada. Lo que se requiere es una revisión seria, exhaustiva e imparcial del área de Nómina, con responsabilidades claras, medidas correctivas inmediatas y garantías de no represalia para los trabajadores que han denunciado irregularidades.
La autoridad tiene que entender algo elemental: gobernar no es intimidar; administrar no es someter; dirigir una Secretaría no es imponer miedo. La función pública exige legalidad, sensibilidad y rendición de cuentas. Quien no entiende eso convierte las oficinas públicas en zonas de presión y a los trabajadores en rehenes administrativos.
Las mantas colocadas en Xalapa son una advertencia. No por su forma, sino por lo que revelan. Revelan que hay trabajadores que ya no confían en los conductos internos. Revelan que existe una percepción de indefensión. Revelan que la omisión institucional está empujando el conflicto hacia la calle. Y cuando una institución obliga a sus trabajadores a gritar desde un puente lo que debió escuchar en una oficina, el problema ya no es de comunicación: es de autoridad.
Desde este espacio hacemos un llamado firme a la secretaria Claudia Tello y al Gobierno del Estado: atiendan de inmediato esta señal. Revisen a fondo lo que ocurre en Nómina. Escuchen a los trabajadores sin amenazas, sin represalias y sin simulaciones. La educación de Veracruz no puede seguir dependiendo de oficinas donde el miedo pesa más que la ley.
Ignorar estas mantas sería un error político y administrativo de alto costo. Hoy son lonas en puentes; mañana pueden ser denuncias formales, movilizaciones más amplias y una crisis que pudo evitarse si la autoridad hubiera tenido la madurez de escuchar a tiempo.
La SEV necesita orden, legalidad y sensibilidad. No más soberbia burocrática. No más autoritarismo disfrazado de administración. No más trabajadores obligados a denunciar desde la calle lo que la autoridad se niega a resolver dentro de sus oficinas.
Veracruz merece una Secretaría de Educación a la altura de su responsabilidad histórica. Y los trabajadores de la educación merecen respeto, certeza y trato digno. Las mantas no son el problema: son la consecuencia visible de una autoridad que no está escuchando.
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