Pluma y poder.
Por Julieta Millán.
Cuando Xalapa se detuvo a mirar el Nido encendido
Anoche, en Arco Sur, autos frenaron. Gente bajó solo para grabar. La Arena Macuiltépetl —el Nuevo Nido del Halcón— estaba iluminada con los colores de la bandera. No hubo acto oficial. Hubo algo más revelador: la ciudad se detuvo a mirar.
Hoy esas fotos ya circulan en redes. El recinto encendido de verde, blanco y rojo se comparte una y otra vez. No es un detalle menor. Es un gesto inequívoco: esta arena va a formar parte de la identidad de Xalapa y de su gente. Cuando una ciudad se toma el trabajo de fotografiar un edificio y de pasarlo de celular en celular, no está mirando concreto. Está reconociendo un símbolo.
Primero preguntaban si ya se podía entrar. Luego, al ver que no: ¿qué falta? ¿cuándo? Asombro, esperanza e impaciencia. Ese es el impacto real.
Urge abrirla. Son pocos los elementos que esta ciudad tiene para generar pertenencia, orgullo compartido y una imagen que la gente sienta suya. Buena falta hace un espacio así.
Cuando abra, Xalapa no solo sumará un recinto de ocho mil personas. Sumará un lugar donde la ciudad pueda verse en grande.
Anoche el Nido ya cumplió la primera parte: recordarle a Xalapa que puede verse grande. Falta lo esencial: que las luces no se queden en la fachada. Que deje de ser foto y se convierta en experiencia. Que la gente deje de preguntar “¿ya abrió?” y empiece a decir “nos vemos allá”.
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