lunes, 14 de septiembre de 2026

Cincuenta años de oficio contra el Cáncer.

Por Ignacio Osorno


En Xalapa hay un edificio en la avenida Orizaba que no se anuncia a gritos. No necesita hacerlo. Quienes llegan —con estudios bajo el brazo, con miedo, con preguntas que no se atreven a formular en voz alta— ya saben que ahí no se improvisan tratamientos. Se planean. Se explican. Se sostienen.
La Clínica de Oncología y Radioterapia Dr. Ricardo Muñoz Ceballos no nació ayer. Nació de una decisión tomada hace más de medio siglo: que en Veracruz también se pudiera tratar el cáncer con radiación ionizante, con rigor y con dignidad. El padre abrió el camino a finales de los años sesenta. El hijo, el doctor Ricardo Muñoz Riaño, lo ha actualizado, lo ha modernizado y lo ha convertido en la primera clínica particular del estado con acelerador lineal. Eso no es un dato de folleto. Es una diferencia concreta para quien vive aquí y no puede —o no quiere— trasladarse a otra ciudad para cada sesión.
La clínica de Oncología y Radioterapia Dr. Ricardo Muñoz Ceballos, cuenta con un excelente grupo de profesionistas integrado por el Radio Oncólogo, quien evalúa el caso, define el plan de tratamiento y da seguimiento a la evolución del paciente; el físico Médico, encargado de diseñar y calcular el plan con alta precisión para garantizar la seguridad y la calidad de cada sesión; los técnicos radiólogos, que atienden al paciente en cada cita, lo posicionan con exactitud y operan el equipo con responsabilidad; y el personal administrativo y logístico que sostiene la operación diaria. Todo este equipo trabaja directamente en la clínica. Son ellos quienes ejecutan el tratamiento, cuidan la precisión técnica y acompañan al paciente en cada etapa.
Lo que distingue a este lugar no es solo el equipo tecnológico. Es el modo en que se usa. La radioterapia no se aplica “en serie”. Se planea caso por caso: diagnóstico, etapa, estudios, anatomía del paciente. La braquiterapia se reserva para quienes realmente la necesitan. La consulta inicial no es un trámite: es el momento en que alguien se sienta, revisa lo que el paciente ya trae y le dice, con claridad, qué sigue. En oncología, esa claridad vale tanto como la dosis.
Hay algo más que no aparece en los protocolos y que, sin embargo, se siente en la sala de espera: el trato humano. Pacientes y familiares lo mencionan una y otra vez. No es condescendencia. Es responsabilidad. Explicar sin infantilizar. Escuchar sin prisa. Acompañar sin vender ilusiones. En una enfermedad que desarma a las familias, esa actitud no es un extra: es parte del tratamiento.
La clínica atiende a xalapeños y también a gente que llega de Puebla, de Oaxaca y de otros rincones de Veracruz. No todos pueden pagar un proceso completo. Por eso el trabajo médico se ha cruzado, de manera natural, con una vocación social que el doctor Muñoz Riaño ha sostenido durante años. No es marketing. Es coherencia: la misma persona que calibra un acelerador lineal entiende que hay pacientes para quienes el costo del traslado o del medicamento es tan duro como el diagnóstico.
En un estado donde el cáncer sigue llegando tarde a muchos consultorios, tener en Xalapa un centro privado con historia, tecnología actualizada y un equipo profesional que no separa la ciencia del cuidado es una noticia buena. No espectacular. Necesaria.
Porque al final, una clínica de oncología no se mide solo por las máquinas que tiene. Se mide por lo que ocurre cuando el paciente sale de la primera consulta: si entiende, si no se siente solo y si sabe que detrás de cada sesión hay un grupo de profesionales que va a estar ahí en las siguientes semanas. En la avenida Orizaba 24, eso sigue ocurriendo. Día tras día. Sin alardes. Con oficio.

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