*Pasaporte informativo.*
Por Ricardo Contreras.
El error de minimizar al SIMVE: cuando el hilo se rompe por lo más delgado.
En Veracruz, un conflicto laboral aparentemente puntual está revelando grietas profundas en la relación entre autoridades educativas y el magisterio. El Sindicato Innovador Magisterial Veracruzano (SIMVE), encabezado por Gerardo Velásquez Maravert, y los ex trabajadores cesados del Programa Vasconcelos enfrentan una situación que trasciende lo administrativo: se ha convertido en un caso inédito de confrontación directa contra un liderazgo sindical legítimo.
El viernes, el Departamento Normativo de la Secretaría de Educación de Veracruz (SEV) notificó formalmente el cese de Velásquez Maravert y de la maestra Ana Karen Márquez Marín. Lejos de ser un procedimiento rutinario, este acto confirma lo que el SIMVE venía denunciando: se busca debilitar la representación sindical y desarticular la defensa de trabajadores que, según sostienen, fueron cesados de manera injustificada.
Lo grave no es solo el fondo, sino la forma. Pareciera que la SEV optó por minimizar al sindicato, apostando a que con presiones administrativas y ataques personales al líder se resolvería el asunto. Aquí aplica el viejo dicho: “el hilo se corta por lo más delgado”. Sin embargo, en este caso, el hilo no solo se corta: se rompe. Y cuando se rompe de esta manera, el daño puede extenderse mucho más allá de lo calculado, afectando la estabilidad laboral, la confianza en las instituciones y, eventualmente, la gobernabilidad misma en el sector educativo.
Un contexto que los asesores parecen ignorar.
Quien asesora al gobierno en esta línea de “no ceder ni un centímetro para no mostrar debilidad” está cometiendo un error de cálculo estratégico. En un entorno de alta polarización, con una imagen pública de la política y las instituciones ya muy deteriorada, y con la ciudadanía harta de confrontaciones innecesarias, la rigidez se vuelve contraproducente.
Apenas ayer, en las elecciones de Coahuila, vimos cómo un partido que muchos daban por acabado logró un resultado contundente: la gente premia, o al menos castiga menos, a quienes demuestran capacidad de diálogo y solución pragmática. Sumemos el hartazgo generalizado y las crecientes amenazas de otros sindicatos del sector educativo de manifestarse justo en fechas sensibles, como la inauguración del Mundial de futbol. En este escenario, “echar más leña al fuego” no es la solución. Sentarse cinco minutos con el SIMVE no habría sido signo de debilidad, sino de inteligencia política. El ego, cuando es más grande que la razón, suele generar caos innecesario.
Desprestigiar al líder: una estrategia que aquí fracasa.
Tradicionalmente, algunos gobiernos han intentado desvirtuar movimientos sociales atacando la figura del líder. En otros tiempos y con otros actores, eso pudo haber funcionado. Pero con los agremiados del SIMVE está ocurriendo lo contrario. Lejos de dividir, los ataques a Velásquez Maravert han reforzado la percepción de que se trata de una lucha genuina. Los trabajadores ven en su dirigente a alguien dispuesto a llegar hasta las últimas consecuencias en defensa de sus derechos, no a un oportunista.
Cuando se ataca al líder en lugar de atender el problema de fondo, se envía un mensaje devastador al gremio: “sus reclamos no valen, su organización no vale, y ni siquiera merece cinco minutos del tiempo de quienes realmente deciden”. Eso es precisamente lo que ocurrió: la reunión prometida no la concretó quien tenía la mayor responsabilidad, sino alguien de menor nivel en el organigrama. En comunicación política y en el sentido común más básico, ese gesto es elocuente… y casi nunca positivo.
Un caso inédito que debe servir de espejo.
Lo que hace inédita esta situación es la dimensión del enfrentamiento: no se trata solo de ceses laborales, sino de acciones directas contra la dirigencia sindical por ejercer su representación. Velásquez Maravert lo ha documentado públicamente: el sindicato mantiene su vigencia legal, sus estatutos, sus órganos de dirección y, sobre todo, el respaldo de sus agremiados. Ni un procedimiento administrativo ni presiones políticas extinguen una organización sindical legítima.
El propio líder ha actuado con responsabilidad: protestas pacíficas, entrega de un escrito en mano a la Presidenta Claudia Sheinbaum (incluso con diálogo breve con ella y la gobernadora Rocío Nahle), acompañamiento jurídico sólido (laboral con el Lic. Juan José Llanes Gil del Ángel y penal con el Lic. Gerardo Escobedo Muñoz), y una ruta institucional clara. El caso ya tiene eco nacional, como lo muestra la cobertura de la revista Proceso.
Este precedente debe servir de alarma para el resto del sindicalismo veracruzano y mexicano. Si una organización que defiende con firmeza a sus representados puede ser blanco de este tipo de acciones, ¿qué futuro les espera a quienes opten por el silencio o la complacencia? La pasividad no protege: invita a que se repita el patrón. La libertad sindical, la dignidad laboral y el derecho a una representación efectiva están en juego. Lo que hoy vive el SIMVE puede ser el termómetro de lo que vendrá para otros si no se defienden con unidad y legalidad.
Minimizar el movimiento, otra vez.
Ayer se dio un paso institucional: los trabajadores afectados y el dirigente acudieron a Palacio de Gobierno buscando una solución. Sin embargo, la gobernadora no los recibió personalmente. En su lugar, los atendió el encargado de política regional. Tras varias horas de espera, ante la desesperación, los integrantes del SIMVE comenzaron a gritar consignas a escasos metros de donde la Gobernadora sostenía su conferencia informativa en el patio central de Palacio de Gobierno.
Nuevamente, alguien cometió un descuido grave al minimizar el movimiento. Los medios de comunicación presentes en el mismo patio no escucharon nada de plano y se pararon a ver qué estaba sucediendo. Varios optaron por acercarse a platicar con los afectados a través de la reja que no les querían abrir. Estas imágenes y sonidos hablan por sí solos y refuerzan la percepción de que el problema no se está atendiendo con la seriedad que merece.
La dignidad sindical, como bien dice Velásquez Maravert, no se negocia: se ejerce y se defiende con hechos. Pero también es cierto que los conflictos se resuelven mejor sentados en una mesa de verdadero diálogo que en los tribunales o en la calle. Un acuerdo razonable, que restituya derechos y respete la representación legítima, beneficiaría a todos: a los trabajadores, al magisterio, a la SEV y al gobierno estatal.
Minimizar al SIMVE fue un error. Romper el hilo por lo más delgado puede generar una afectación mayor y no planeada. La inteligencia política consiste en corregir el rumbo a tiempo. La historia reciente muestra que los que dialogan con seriedad suelen salir mejor parados que los que apuestan todo a la confrontación. Veracruz y su magisterio merecen esa madurez.
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