martes, 18 de agosto de 2026

Fararoni al campo: sembrar presente para cosechar futuro.

Pluma y poder.

Por Julieta Millán. 
Fararoni al campo: sembrar presente para cosechar futuro.

El alcalde de San Andrés Tuxtla, Rafa Fararoni, vuelve a demostrar que su gobierno no se conforma con administrar el día a día. Esta vez el mensaje llegó desde El Laurel, donde entregó apoyos a productores agrícolas en coordinación con el Gobierno del Estado y la SEDARPA. Insumos de calidad, herramientas concretas y el anuncio de un tractor de mayor capacidad, más una segunda entrega antes de que termine el año. No fue un acto protocolario. Fue una declaración de principios: el campo de San Andrés tiene gente trabajadora que merece respaldo real, no discursos desde el escritorio.
Fararoni lo dijo con claridad: al campo hay que escucharlo, recorrerlo y responderle con herramientas para producir más y mejor. Y lo está haciendo. Al alinear esfuerzos con la gobernadora Rocío Nahle, el ayuntamiento no solo acerca recursos; envía una señal de coordinación institucional que beneficia directamente a quienes siembran y cosechan la tierra.
Este enfoque no es aislado. Forma parte de una visión más amplia que ya se ha visto en el impulso al turismo y en el sostenido incremento de obra pública. Fararoni está construyendo un gobierno que mira todos los motores del desarrollo económico local, sin privilegiar uno en detrimento de otro. El mensaje es inequívoco: su administración busca trascender el periodo de gobierno. No se trata solo de entregar apoyos hoy, sino de sembrar las condiciones para que el campo de San Andrés sea más productivo, más rentable y más digno en los años que vienen.
Voltear al campo no es nostalgia: es estrategia de país
México lleva décadas debatiendo el abandono relativo del sector agropecuario. Mientras las ciudades concentraban inversión, infraestructura y atención mediática, el campo seguía cargando con buena parte de la pobreza, la migración y la vulnerabilidad alimentaria. Recuperar la mirada hacia el medio rural no es un gesto romántico. Es una decisión de soberanía, de seguridad y de justicia económica.
Los beneficios son estructurales. Primero, la producción local reduce la dependencia de importaciones de alimentos básicos y fortalece la seguridad alimentaria de las regiones. Segundo, el campo sigue siendo uno de los mayores generadores de empleo en zonas donde las opciones formales son escasas; cada peso invertido en insumos, maquinaria o capacitación tiene un efecto multiplicador inmediato en las economías familiares. Tercero, un campo más productivo y tecnificado frena la expulsión de población joven hacia las ciudades o hacia el exterior, porque ofrece perspectivas reales de permanencia y progreso.
Hay, además, un componente de equidad territorial. Cuando un municipio como San Andrés Tuxtla decide que sus productores merecen la misma atención que el turismo o la infraestructura urbana, está corrigiendo un desequilibrio histórico. No se trata de enfrentarse al desarrollo urbano, sino de equilibrarlo. El turismo y la obra pública generan dinamismo; el campo genera arraigo, identidad y resiliencia. Un territorio que solo apuesta a uno de esos pilares termina siendo frágil. Un territorio que los articula se vuelve más sólido.
La entrega en El Laurel y el anuncio del tractor de mayor capacidad van exactamente en esa dirección. No son limosnas. Son instrumentos para elevar la productividad. Cuando un productor tiene mejores insumos y maquinaria adecuada, no solo produce más: produce con mayor calidad, reduce costos unitarios y mejora su posición negociadora en el mercado. Eso se traduce en mejores ingresos, en capacidad de reinversión y, a mediano plazo, en comunidades rurales menos vulnerables a los vaivenes del clima o de los precios.
Fararoni está entendiendo algo que muchos gobiernos municipales olvidan: el campo no pide limosna; pide condiciones. Y cuando un alcalde decide recorrer las comunidades, sentarse con los productores y responder con acciones concretas —en lugar de esperar a que los programas federales o estatales lleguen solos—, está ejerciendo liderazgo territorial real.
El apoyo al campo en San Andrés Tuxtla no es un capítulo aislado de la administración. Es coherente con la forma en que Fararoni ha venido gobernando: mirando al futuro más allá de su propio periodo, integrando sectores y apostando por un desarrollo que no deje fuera a quienes históricamente han sostenido la base alimentaria y cultural del municipio. En un país que necesita urgentemente reconciliarse con su vocación agrícola, gestos como este no son menores. Son el tipo de decisiones que, sumadas, pueden cambiar la trayectoria de una región.

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