lunes, 11 de mayo de 2026

*Vivir en el Golfo*


Por Rodolfo Herrera. 

¡Veracruz no puede seguir postergando su futuro hídrico!

El glaciar Jamapa, en la cima del Pico de Orizaba, se encuentra en una retirada irreversible. Expertos de la Universidad Veracruzana estiman su desaparición hacia 2060. En poco más de tres décadas, el río que nace de él podría sufrir una reducción drástica de caudal, con consecuencias graves para el abasto de agua, la agricultura, los ecosistemas y las comunidades de la zona central y el delta.
Los riesgos ya se sienten con fuerza. A corto plazo, estiajes más prolongados, conflictos por el acceso al agua y la disposición de residuos, y presiones de deforestación en áreas sensibles como Los Tuxtlas. A mediano plazo, el cambio climático sumado al manejo insuficiente acumulado amenaza con convertir regiones enteras en zonas de estrés hídrico crónico. La tendencia humana a dejar para mañana las soluciones de fondo sigue cobrando factura.
Afortunadamente, hay presidentes municipales que han decidido romper ese patrón y actuar con visión de futuro, siguiendo la línea trazada por la gobernadora Rocío Nahle García, quien desde el primer día de su administración entendió la gravedad del problema hídrico y le ha dado el peso estratégico que merece.
Rafa Fararoni, en San Andrés Tuxtla, ha impulsado la rehabilitación de tanques de almacenamiento con capacidad superior a los 3 millones de litros, mejorando el suministro en colonias y fortaleciendo la resiliencia en una región clave por su biodiversidad.
En la Ciudad de Veracruz, Rosa María Hernández Espejo ha priorizado la modernización del servicio de agua potable mediante auditorías, mejoras en infraestructura y acciones preventivas.
Daniela Griego Ceballos en Xalapa ha puesto en marcha medidas concretas ante el estiaje, como la perforación de nuevos pozos y planes de rescate de cuerpos de agua urbanos.
Y en Coatzacoalcos, Pedro Miguel Rosaldo García respalda proyectos estratégicos como el nuevo acueducto que duplicará el suministro potable para la región sur, junto con trabajos de drenaje y saneamiento.
Estos esfuerzos demuestran que gran parte de la responsabilidad recae en los municipios y en el manejo responsable, eficiente y transparente que sus comisiones de agua potable y alcantarillado hagan del recurso.
El Jamapa no se derrite en silencio: grita una advertencia que ya no podemos ignorar. Cada gota que perdemos hoy es un futuro que robamos a nuestros hijos. La verdadera grandeza de los gobernantes no se mide en aplausos del presente, sino en la calidad de vida que dejen a las generaciones venideras.
Veracruz ya cuenta con ejemplos luminosos. La pregunta que queda flotando, urgente e incómoda, es: ¿cuántos más alcaldes tendrán el valor de actuar con la misma determinación antes de que el reloj del Jamapa marque la hora irreversible?
No hay más tiempo para postergar. Ha llegado el momento de dejar de ser espectadores del desastre y convertirnos, de una vez por todas, en los guardianes feroces del agua que sostiene toda la vida.

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