lunes, 18 de mayo de 2026

**Crónicas enmascaradas: la colección del Dr. Radioactivo. **


Del niño de los setentas al guardián de 500 máscaras.

Por Ignacio Osorno. 

El doctor Ricardo Muñoz Riaño habla con pasión y lucidez de su gran amor: la lucha libre. Para él, este deporte-espectáculo no es solo entretenimiento, sino un fenómeno cultural profundo que nace de la contracultura. “Surge del espectáculo que fue creado para un pueblo”, explica, “y que fue abriéndose paso entre los diferentes estratos sociales hasta llegar a lo que yo llamo ahora el primer intento o la primera ola de gentrificación de la lucha libre”.
En los años setenta, la lucha libre vivió un gran apogeo en México. Era una época en la que el espectáculo popular llenaba arenas semana tras semana, conectando especialmente con las clases populares, pero aún conservaba un aura de misterio y exclusividad. “En aquella época la lucha libre era muy cerrada, muy blindada”, recuerda. “Todo se mantenía en secreto”: las identidades, las rivalidades y los trucos del oficio. Ese blindaje contribuía al encanto y al mito que rodeaba a los luchadores.
Fue precisamente en esa década dorada cuando, siendo niño de unos ocho años, su tío Rubén Riaño lo llevó por primera vez a la Arena Xalapa. Allí descubrió un mundo mágico lleno de rudos legendarios como Chucho Monroy, Gavilán Ramírez, Júpiter, el Dr. Crimen y Jaqui García. Por aquella época, Quien brillaba con luz propia como el gran padre de la lucha xalapeña era el famoso “Griego” Hiraclys Fenerly, en los años del Mundial de Argentina 78 recuerda el Doctor Ricardo.
Con el paso del tiempo, Ricardo Muñoz ha reflexionado mucho sobre la vocación de los luchadores, como parte de su encanto por esta profesión. “Yo antes pensaba que nacían ya con la vocación y eso era todo lo que necesitaban”, dice. Hoy observa un exceso de facilidades para convertirse en luchador, lo que ha cambiado el panorama. Sin embargo, es firme en un punto: “Los niños no deben practicar lucha libre; los niños deben entrenar lucha olímpica”, para proteger su desarrollo físico y formar una base técnica sólida.
Esa misma pasión lo llevó a crear Lucha Libre Radioactiva, su proyecto actual por medio del cual ha apoyado a múltiples jóvenes Xalapeños que, a través de su deseo de practicar este deporte, han obtenido de parte del “Dr. Radioactivo” las facilidades no solo para eso, sino para un desarrollo personal y es a través de este programa que también apoya al profe Paulino y a los Leones de San Bruno, un grupo que entrena en la ex fábrica de San Bruno.
Hoy, esa fascinación de toda la vida se materializa en una impresionante colección de casi 500 máscaras, la mayoría “luchadas” —usadas realmente en combates— que han resistido el paso del tiempo. De sus muchachos de Lucha Libre Radioactiva posee piezas que incluso han combatido en Japón. También conserva casi todos los programas de las funciones de aquella época. “Cuando algo te interesa, evocas al universo y las cosas llegan a ti”, dice con una sonrisa. Así ha reunido máscaras de los ochenta en adelante, aunque no tiene de los setenta.
Mientras muestra una máscara del “Forastero” —gran luchador xalapeño de los ochenta y noventa—, cuenta que la encontró con un anticuario, prácticamente como desecho de ropa. “El Forastero fue un gran luchador, vive todavía, no lo voy a desenmascarar dando su nombre, pero todo mundo lo conoce; también fue muy buen futbolista”. Con el tiempo ha logrado adquirir tres máscaras más de él, por lo que ya tiene cuatro en su poder.
Ha comprado colecciones completas y mucha gente, al enterarse de su afición, se acerca para ofrecérselas: “Dr., van a estar en mejores manos”, le dicen, confiando en que sus tesoros quedarán bien cuidados.
Mientras observa la máscara del Forastero, hecha aún con tela sencilla y relieves de piel, reflexiona sobre la evolución del arte: “Muy humilde comparada con las grandes telas y diseños que hay ahora”. Para él, esa variedad de materiales y estilos es una de las grandes riquezas de la lucha libre mexicana. “Es tan mexicana”, afirma con convicción, “que ya le vamos ganando a la charrería, porque es más democrática y es un reflejo de la vida del pueblo”. Efectivamente así es, la lucha finalmente es una representación del mal contra el bien y quienes asisten a los mágicos encuentros entre luchadores, pueden ver que gran parte del público se proyecta en los luchadores y de esa manera sacan el estrés de la vida diaria. 
Y ese espíritu democrático del ring, que permite que cualquiera, con máscara y corazón, se convierta en héroe, es lo que más valora nuestro entrevistado. Por eso no descarta un proyecto futuro: “Quizás en algún momento voy a intentar hacer un libro para dar a conocer todo esto que hoy tengo en mi colección”.
En sus palabras late no solo la nostalgia, sino el profundo respeto por un arte popular que nació desde abajo y conquistó a toda una sociedad. La colección del Dr. Radioactivo, Ricardo Muñoz Riaño es tan grande, vasta y llena de anécdotas, que a propuesta del mismo Ricardo y de un servidor, creamos este espacio denominado “Crónicas enmascaradas: la colección del Dr. Radioactivo”, con la intención primero que nada de dar a conocer datos inéditos y de gran interés sobre la lucha libre y los grandes luchadores locales y nacionales, pero, además, mediante este ejercicio dar a conocer aspectos de esa “contracultura” a la que hace alusión el Dr. Muñoz y desde donde surgen las grandes historias de héroes conocidos y desconocidos a los que mediante este espacio  les iremos rindiendo un homenaje cada semana.

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