*Pasaporte informativo.*
Por Ricardo Contreras Reyes.
AMANECE XALAPA CON PANCARTAS PIDIENDO RECOMPENSA POR ELÍAS CALIXTO ARMAS.
Así amaneció hoy Xalapa: con lonas exhibiendo el rostro de quien fuera subsecretario de Educación Media Superior. Un operador que trabajó lejos de los reflectores, pero muy cerca del poder. Su nombre: Elías Calixto Armas.
Hoy, la Fiscalía General del Estado presuntamente ofrece 350 mil pesos por información que lleve a su paradero.
La pregunta ya no es quién es… sino hasta dónde llegaba.
Enfrenta una orden de aprehensión por diversos delitos, entre ellos ser señalado como presunto autor intelectual de un desfalco que oficialmente supera los 140 millones de pesos, aunque versiones extraoficiales lo elevan por encima de los 400 millones.
Dinero público. Dinero destinado a docentes y trabajadores que hoy siguen acumulando meses sin cobrar. Recursos que sí entraron… pero nunca llegaron.
Se evaporaron.
La Fiscalía jaló el hilo y empezaron a caer piezas: el exrector de la UPAV, Juan Martínez; José Martín Rivera, incrustado como jefe de asesores en la SEV; y en enero de 2026, en un operativo simultáneo, Sergio Torres, Víctor de Jesús Magaña y Frida Narayana Cortés Millán.
Todos fueron cayendo.
Menos el principal.
Calixto Armas desapareció. Hoy es prófugo. Y no es el único.
Mientras tanto, en la SEV hay silencio.
Y en política, el silencio no es prudencia. Es cálculo.
Versiones cada vez más insistentes señalan que no era solo un subordinado, sino parte de un círculo cercano a la titular de Educación, Claudia Tello Espinoza, con influencia directa en decisiones y nombramientos.
Y lo más delicado: se dice que podría estar siendo protegido.
No hay confirmación oficial. Pero tampoco desmentido.
Por instrucción de la gobernadora Rocío Nahle García fue removido. Hoy ya no está en nómina. Pero su estructura, dicen, sigue operando dentro de la SEV: gente colocada, bien pagada y con cercanía al poder.
Ahí es donde deja de ser un caso administrativo… y se vuelve político.
Porque cuando alguien se va, pero su red se queda, en realidad no se fue.
Sigue ahí.
Y Veracruz sigue esperando respuestas.
Al final, la pregunta no es dónde está Calixto Armas.
La pregunta es quién más sabe dónde está.
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