miércoles, 4 de noviembre de 2026

El caso Fararoni: cuando la ciudadanía Responde.

Pasaporte Informativo.

Por Ricardo Contreras. 
El caso Fararoni: cuando la ciudadanía Responde.

La forma de hacer política cambió. Para bien o para mal, en muchos casos ya no es la misma de hace una o dos décadas. Y, en paralelo, también cambió la manera en que ciertos periodistas y columnistas ejercen la crítica. Antes, lo que se publicaba solía leerse como una verdad casi inobjetable: el peso de la pluma y la fuerza del medio bastaban. Hoy el escenario es distinto. La gente está harta de la política, desangelada y, en no pocos casos, francamente indignada con la clase política en su conjunto. Esa fatiga es real y no se puede ignorar.
Sin embargo, existen casos contados en los que, cuando hay resultados visibles, cercanía, puertas abiertas y avances que se pueden tocar, los ciudadanos son los primeros en salir a defender a quien es criticado de forma que consideran sin sentido. No lo hacen por lealtad ciega ni por consigna. Lo hacen con un argumento simple y directo: “por primera vez en años alguien está haciendo las cosas bien; déjenlo trabajar”. Ese tono de defensa ciudadana, cuando aparece de forma espontánea, merece atención porque rompe con el desánimo generalizado.
Ese es, a mi juicio, el caso de Rafael Fararoni en San Andrés Tuxtla. Algunos pseudo-periodistas de la localidad y un par de columnistas han dirigido críticas que revelan un desconocimiento total de los orígenes del alcalde y de su familia. Quieren presentar su estilo de vida como producto de la corrupción, cuando en la región la mayoría de los ciudadanos sabe perfectamente que los Fararoni son empresarios de abolengo, con décadas de trabajo intenso que explica, entre otras cosas, su forma de vestir y la organización de una boda que no tiene absolutamente nada que ver con la vida pública del edil ni de su pareja. Se trata de un asunto privado, financiado con recursos privados, ajeno a la función municipal.
Subirse a la ola de críticas —muchas de ellas fundamentadas— hacia la Cuarta Transformación no autoriza a generalizar de manera automática y a meter en el mismo saco a todo el que gobierna con ese sello. El caso de Fararoni es especial precisamente porque la propia ciudadanía es la que lo defiende cuando percibe ataques que considera injustos o desinformados. Eso no lo hace intocable; lo convierte en un caso de análisis. Vale la pena preguntarse por qué, en medio de tanto hartazgo político, hay quienes piden que lo dejen en paz. La respuesta no está en las columnas de ataque, sino en los resultados que la gente ve y en la cercanía que dice sentir. Ese respaldo ciudadano, cuando es auténtico, es la mejor contraparte a cualquier crítica que ignore la realidad local.

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