Anilú Ingram consiguió unos segundos junto a la presidenta Claudia Sheinbaum e intentó convertir esa imagen en una nueva narrativa de poder en Veracruz. La pregunta es qué respaldo real había detrás de la fotografía.
El abrazo y la breve conversación se difundieron como señal de cercanía con Palacio Nacional. Después circularon versiones que presentaban a la delegada del Infonavit como interlocutora presidencial para las decisiones políticas del estado. Pero una fotografía no es una encomienda, y cuarenta segundos junto a la presidenta no otorgan facultades para repartir candidaturas ni para colocarse por encima de la gobernadora Rocío Nahle.
En Veracruz, la gubernatura se gana en las urnas. Nahle obtuvo el respaldo de más de dos millones de votantes; ese mandato no cambia porque alguien consiga un lugar frente a la cámara. También hay una historia política que no se puede borrar con un abrazo: la ingeniera Rocío Nahle acompañó a Morena desde sus primeros años, mientras Anilú Ingram construyó buena parte de su trayectoria en el PRI.
Ahora se habla de un cese de tres semanas de Ingram al frente de la delegación del Infonavit.
* Señalamientos sobre presuntas irregularidades en compras de terrenos.
* La versión de que Ingram habría invocado encargos de la Presidencia.
* Sus actos anticipados de campaña
Nadie puede fabricar autoridad política a partir de un saludo presidencial.
Para la próxima, Anilú, bésale la mano a Rocío si lo que buscas son bendiciones en su estado.
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