Por Gerardo Velásquez Maravert
La salida de Claudia Tello Espinosa de la Secretaría de Educación de Veracruz representa el cierre de una etapa que, desde la perspectiva de amplios sectores del magisterio, estuvo marcada por la falta de diálogo, la confrontación innecesaria y una conducción administrativa que quedó muy lejos de las expectativas generadas al inicio de su gestión.
Como dirigente sindical, considero que la decisión de relevarla fue correcta y necesaria. Llegó tarde, ciertamente, pero llegó. Gobernar también significa reconocer cuando una dependencia estratégica requiere un cambio de rumbo. En ese sentido, debe reconocerse la determinación de la gobernadora Rocío Nahle García para intervenir y tomar una decisión que muchos trabajadores de la educación venían esperando desde hace tiempo.
La Secretaría de Educación de Veracruz no es una oficina menor ni puede administrarse mediante ocurrencias, distanciamiento o cerrazón política. Es una de las dependencias más complejas del Gobierno del Estado y exige capacidad técnica, sensibilidad social, experiencia administrativa y una auténtica disposición para escuchar.
La nueva titular no recibe una institución en condiciones ordinarias. Recibe una Secretaría con rezagos, expedientes acumulados, conflictos laborales sin resolver, promesas pendientes y una interlocución severamente deteriorada. En términos estrictamente políticos y administrativos, tendrá la tarea de limpiar el muladar que dejó una gestión incapaz de construir acuerdos duraderos y de ofrecer respuestas claras a quienes acudieron legítimamente ante la autoridad.
También deberá revisar los compromisos formulados durante la administración anterior. Muchos trabajadores y dirigentes sindicales escucharon ofrecimientos, participaron en reuniones y confiaron en rutas de solución que, al final, no se materializaron. Algunos seguramente estarán hoy profundamente desilusionados al descubrir que varias mesas de trabajo pudieron haber sido solamente largas ceremonias para administrar el tiempo, contener inconformidades y tomarse la fotografía correspondiente.
Incluso hubo organizaciones sindicales que cerraron filas con Claudia Tello y terminaron colocándose al servicio de su gestión, convencidas de que habían alcanzado acuerdos únicos o un trato privilegiado. A estas alturas, probablemente ya advirtieron que también a ellas les endulzaron el oído y les dieron atole con el dedo. Peor aún, durante meses permanecieron contenidas, sin inconformarse ni ejercer plenamente la defensa de sus derechos, bajo el mensaje implícito de que mi caso podía convertirse en el ejemplo de lo que ocurriría con quien decidiera alzar la voz y confrontar los abusos de la autoridad.
Ese resultado obliga a evaluar políticamente la gestión y sus consecuencias. Cuando una autoridad deja de escuchar, incumple acuerdos, posterga soluciones y convierte la interlocución en simulación, termina debilitando no solo su propia administración, sino también la confianza en las instituciones.
Por ello, la nueva Secretaria de Educación tiene una responsabilidad mayor que la de ocupar un cargo. Deberá reconstruir la gobernabilidad interna de la SEV, ordenar sus áreas administrativas, revisar decisiones cuestionadas, atender los asuntos pendientes y recuperar la confianza de quienes diariamente sostienen el sistema educativo veracruzano.
Todo ello ocurre, además, en un contexto particularmente delicado, mientras continúa el proceso judicial relacionado con el presunto desvío de aproximadamente 800 millones de pesos, atribuido públicamente a diversos exservidores vinculados con esa administración, algunos de los cuales deberán comparecer ante la autoridad competente para rendir su declaración. Será responsabilidad de las instancias judiciales determinar los hechos y deslindar responsabilidades conforme a derecho.
El magisterio no solicita privilegios. Exige legalidad, respeto, transparencia, certeza laboral y atención oportuna. También demanda que todas las organizaciones sindicales sean escuchadas sin exclusiones, favoritismos ni interlocutores de primera y segunda categoría.
Por último, desde el Sindicato Innovador Magisterial Veracruzano mantendremos una posición firme, crítica y responsable. Reconoceremos las decisiones que beneficien a las y los trabajadores, pero también señalaremos cualquier conducta que vulnere sus derechos o pretenda sustituir el diálogo por la imposición.
La nueva etapa debe comenzar con una definición sencilla: dialogar no es conceder favores ni mostrar debilidad. Dialogar es gobernar.
La educación de Veracruz necesita menos discursos, menos promesas administradas y más soluciones verificables. La nueva titular tiene ante sí la oportunidad de demostrar que es posible conducir la SEV con capacidad, sensibilidad y respeto al magisterio.
Esperamos que así sea, porque en la Secretaría de Educación ya se agotó el tiempo de la simulación. Ahora corresponde ordenar, resolver y cumplir.
#SIMVE
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