viernes, 29 de mayo de 2026

Legisladores entre el espectáculo y la responsabilidad

La otra cara del poder:
Legisladores entre el espectáculo y la responsabilidad
Por Simón Rodríguez Triano 

Las cámaras legislativas deberían ser espacios de debate, construcción de acuerdos y promoción de leyes que fortalezcan la vida democrática del país. Sin embargo, en más de una ocasión se han convertido en escenarios de bochornos políticos: insultos, retos a golpes y actitudes que degradan la función pública.

El caso reciente del diputado Senyazen Escobar García, los enfrentamientos verbales de Lilly Téllez, y el reprobable episodio en que Alito Moreno golpeó a Gerardo Fernández Noroña, reflejan una constante: representantes populares que olvidan que su deber es legislar y dar cumplimiento a la ley, empezando por el ejemplo.

El deber de legislar, no de pelear
La ciudadanía espera de sus diputados y senadores un papel ejemplar. No importa la bancada ni el color partidista: todos tienen la obligación de representar con dignidad a quienes los eligieron.

La pasión política no debe rebasar el respeto a las personas. Las diferencias se dirimen a través de la vía democrática que representa el voto, no mediante insultos o confrontaciones físicas.

Quienes responden con agresión o replican el insulto solo exhiben una gran falta de autoestima y una carencia de asertividad social, incapaces de enfrentar situaciones difíciles con serenidad y capacidad. La política exige madurez emocional, no impulsos viscerales.

 Profesionalización y formación integral
Más allá de sanciones y de una necesaria asertividad, surge una pregunta de fondo: ¿acaso no es momento de exigir una profesionalización integral para quienes deciden ser funcionarios del Estado y representantes políticos?

En países con sistemas más avanzados, quienes aspiran a cargos públicos deben pasar por procesos de formación rigurosa en ética, derecho, comunicación política y resolución de conflictos, sería una medida objetiva y propositiva para garantizar que quienes ocupan un escaño estén realmente capacitados para el debate democrático y el cumplimiento de la ley.

El espejo de Fouché
Esa clase de políticos que se comportan de manera indebida nos recuerdan —guardando las debidas proporciones por época y contexto— al francés Joseph Fouché, figura emblemática de la Revolución Francesa. Fouché fue un político que solo servía al dinero y al poder, sin importar si estaba en la derecha o en la izquierda, fiel únicamente a sus intereses personales.
Su ejemplo histórico ilustra cómo la falta de principios y valores puede convertir la política en un ejercicio de conveniencia y oportunismo, donde el poder se persigue por ambición y no por vocación de servicio.

 Llamado a partidos y simpatizantes
La responsabilidad no recae únicamente en los legisladores. Los partidos políticos y sus simpatizantes deben exigir a sus representantes un compromiso real con la ética pública.
La militancia tiene la capacidad de presionar desde dentro para que sus dirigentes y legisladores actúen con respeto y responsabilidad.
Se requieren mecanismos de participación ciudadana, como observatorios ciudadanos que vigilen y sugieran medidas para que los políticos cumplan con su encomienda. No basta esperar a castigarlos en la próxima elección con el voto de castigo: es necesario un sistema de presión constante que evite la repetición de actos que generan hartazgo y desilusión política.

 La voz ciudadana
Finalmente, la opinión de la ciudadanía es crucial. ¿Qué propone el pueblo para acabar con esta política de espectáculo?
Algunos plantean sanciones más duras, otros sugieren mecanismos de evaluación ciudadana, y no faltan quienes llaman a no reelegir a quienes convierten el Congreso en un circo.

La otra cara del poder nos recuerda que la política no puede seguir siendo un escenario de confrontaciones personales. La verdadera lucha debe ser por la dignidad de las instituciones y por el cumplimiento de la ley, con representantes formados, profesionalizados y emocionalmente capaces, que entiendan que la pasión política jamás debe estar por encima del respeto democrático ni de los valores que distinguen al verdadero servidor público.

Cabe recordar “El poder sin valores es oportunismo” y “La política exige madurez, no impulsos”
Y tu... ¿Que opinas?

#LaOtraCaradelPoder

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