viernes, 29 de mayo de 2026

Del yate al zafarrancho: cuando el “soldado” se puso en guardia.

*Ventana Política.*

Por Javier Moreno. 

Del yate al zafarrancho: cuando el “soldado” se puso en guardia.
El jueves 28 de mayo de 2026, la política mexicana volvió a regalar una escena digna de tragicomedia nacional: legisladores que, en lugar de honrar la tribuna, convierten la Cámara de Diputados, en San Lázaro, en ring, el debate público en griterío y la representación popular en espectáculo de barrio.
El altercado protagonizado por el diputado federal Zenyazen Escobar García, legislador de Morena por el Distrito 16 con cabecera en Córdoba, Veracruz, no fue una simple anécdota parlamentaria. Fue una postal clara de la degradación política: quienes deberían discutir leyes, presupuesto, seguridad, educación y bienestar, terminaron en gritos, retos y poses de pelea.
De acuerdo con diversos reportes periodísticos y videos difundidos en redes sociales, el pleito escaló luego de que el diputado priista Carlos Gutiérrez Mancilla le soltara a Zenyazen calificativos como “stripper” y “trepador”. Ahí se encendió la mecha. Lo botonearon, le tocaron la herida, le apretaron el botón y salió el personaje.
Y claro, en México la política tiene memoria, barrio y carrilla. Desde hace años circulan señalamientos mediáticos sobre el pasado de Zenyazen como presunto bailarín exótico, incluso bajo el mote de “Tarzan Boy”. Pero ésa, como diría la abuela, es otra historia… aunque la raza no olvida y las redes menos.
La escena fue de antología: Zenyazen se puso en guardia a varios metros de distancia y comenzó a avanzar a pasitos, con un movimiento de hombros digno de película cantinflesca, aplicando la vieja confiable del bravucón de banqueta: “¡Agárrenme, agárrenme, porque si no le pego!”. Pero como en toda buena tragicomedia mexicana, había más pose que peligro, más teatro que valentía y más escándalo que estatura política.
Desde la oposición le gritaban “borracho” y exigían antidoping. Las imágenes difundidas muestran empujones, gritos, contención de sus compañeros y un andar que desató todo tipo de comentarios. No existe, hasta ahora, prueba oficial pública que confirme si había alcohol de por medio; pero la percepción fue brutal. En política, no sólo importa lo que se prueba en laboratorio: también importa lo que se exhibe ante millones de ciudadanos.
Y como si el libreto no estuviera ya bastante cargado de humor involuntario, ahora Zenyazen presume que es “soldado” de la presidenta Claudia Sheinbaum y “soldado” de la gobernadora de Veracruz. Vaya frase. En democracia, un legislador no debería asumirse como soldado de nadie, sino como representante del pueblo.
Pero si él insiste en marchar bajo consigna, la sátira popular se escribe sola: soldado del mal gusto, soldado del ridículo y soldado de esa política que promete transformación, pero termina haciendo papelones frente a todo México.
Hace apenas unos días, el nombre del mismo diputado también fue colocado en el centro de otra polémica: el incendio del yate “Squalo”, en la Riviera Veracruzana, caso en el que resultaron lesionadas varias personas y sobre el cual surgieron versiones periodísticas que vincularon la embarcación con el legislador. Él negó ser propietario y sostuvo que únicamente participó en labores de auxilio. Esa explicación podrá decir misa, pero políticamente dejó una pregunta flotando en el agua: ¿qué hacen ciertos representantes populares tan cerca del lujo que dicen combatir?
La Cámara de Diputados no es cuartel, no es antro, no es embarcadero privado y no es ring de pelea. Es el espacio donde debería defenderse el interés nacional.
En política, el currículum no sólo se mide por cargos ocupados. También se mide por prudencia, preparación, templanza, decencia pública y capacidad de representar con seriedad. Y cuando un legislador acumula polémicas, señalamientos, episodios bochornosos y declaraciones de sumisión política, la ciudadanía tiene derecho a preguntarse si está ante un verdadero representante popular o ante un producto más de la improvisación.
La pregunta es inevitable: ¿ése es el nivel de representación que merece Córdoba? La respuesta es no. Córdoba merece legisladores con oficio, inteligencia, templanza y respeto institucional. Veracruz necesita representantes que suban a tribuna con argumentos, no con desplantes; con propuestas, no con amenazas; con honorabilidad, no con escándalos acumulados.
Córdoba merece más. Veracruz merece más. Y México necesita legisladores serios, no politicos serviles sin escrúpulos que conviertan la actividad política en un espectáculo de arrabales.

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